sábado, julio 16, 2022

UNA CARTA PARA IRMA ROJAS LUYANO




UNA CARTA PARA
IRMA ROJAS LUYANO

 

Irma

La penúltima vez que hablamos, al despedirme, te dije que había aprendido a quererte mucho, mucho, muchísimo y que estaba y estaría por siempre contigo dondequiera que estuvieras. Y tu respuesta fue concreta e inmediata: usted sabe que yo también los quiero mucho a todos ustedes.


Y ayer, en el acto de tu velatorio, mientras te veía y sentía al lado de doña Julia, tu madre, te repetí mi mensaje en silencio, el mismo que hoy dejo escrito para que lo conozca hasta el cielo. Porque ya haber conocido una persona con tus valores es un privilegio. Tu dulzura, capacidad de comprensión, entrega al prójimo, amor por todos y para todos siempre ha estado y seguirá presente.

 

Y a la hora de dejar un ejemplo y huella personal, asumes la posición y condición de los seres superiores que asoman claridad, seguridad, esperanza firme y rigor en su empeño y deseo de  vivir, no como simple necesidad individual, sino como querencia para poder acompañar, estar y darle tu guía y abrazo amoroso a todos los tuyos y a los asomados a tu regazo. 

 

Y ese empeño y convicción de lucha por el vivir lo dejabas establecido con toda firmeza por encima de tu difícil cuadro clínico y padecimientos que nadie puede conocer, con lógica y saberes, como los soslayabas, como los ponías a un lado y te llevaba a manifestar claramente estas palabras: Yo me voy  a morir cuando Dios quiera y no cuando lo diga algún médico.

 

De allí sacabas fuerzas para tu resistencia, para apegarte más a tu gente que tanto y tanto te necesita. Pero llegó el momento de acogerte y atender a lo que entiendes como llamado divino. Momento también  en que los tuyos, entre quienes nos contamos, debemos entender con alegría tu decisión, acompañarte en la misma y rescatar y mantener  en alto el ejemplo del inmenso vivir que nos deja la abuela.

 

Ayer me decía Miguel, desde su muy chiquita infancia, que la abuela se iba para la tierra pero que él la va a ver desde aquí. Ojalá y todos nos copiemos de esa inocente captación creadora y alegre del vivir. La abuela no está desaparecida. Y si así lo sientes y vives tienes que hacer lo de Miguelito: verla, tenerla, disfrutarla, comunicarte con ella y amarla por siempre.

 

Y yo que no he aprendido y difícilmente aprenderé a decir adiós, te digo y repito Irma:  ¡Seguiremos contigo y queriéndote mucho, mucho, muchísimo!

 

 

Agustín Blanco Muñoz

15 de julio 2022

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